7 de junio de 2017

Un paseo por la historia de Rosario, la bandera y su creador

Rosario, cuna de la bandera; una frase que cada rosarino tiene casi por latiguillo. Un breve repaso sobre sus orígenes y sobre su fundador: el general Manuel Belgrano.

La bandera argentina fue izada por primera vez el 27 de febrero de 1812, en la ciudad de Rosario, por el ejército comandado por el general Manuel Belgrano. Y se celebra el Día de la Bandera el 20 de junio en conmemoración al fallecimiento de su creador.

Belgrano tenía por encargo fortificar las costas del Paraná, a la altura del entonces pueblo de Rosario, para dificultar la navegación a los barcos realistas procedentes de Montevideo. En esas circunstancias, con motivo de inaugurarse las baterías Libertad e Independencia, y careciendo de bandera para ello, dispuso la confección de una con los colores de la escarapela. Este símbolo había sido propuesto también por Belgrano semanas antes para el uso de los soldados, entrando en vigencia el 18 de febrero de 1812.

Belgrano envía un documento, que podemos considerar el más significativo de la historia de nuestra bandera, informando de su creación al gobierno nacional:

“EXCELENTÍSIMO GOBIERNO SUPERIOR DE LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RÍO DE LA PLATA.

En este momento que son las seis y media de la tarde se ha hecho la salva en la batería de la Independencia, y queda con la dotación competente para los tres cañones que se han colocado, las municiones y la guarnición. He dispuesto para entusiasmar las tropas y estos habitantes, que se formasen todas aquéllas, y les hablé en los términos de la nota que acompaño. Siendo preciso enarbolar Bandera, y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional; espero que sea de la aprobación de V.E. Dios guarde a V.E. muchos años. Rosario, 27 de febrero de 1812”.

Ese mismo día, el Triunvirato despacha una orden para que Belgrano, al momento de recibirla, parta en reemplazo de Juan Martín de Pueyrredón, Jefe del Ejército del Norte. Probablemente ambos oficios se cruzaron en el camino. Belgrano partió de Rosario el 2 de marzo camino al Noroeste para asumir el comando en jefe en Jujuy del Ejército Auxiliador del Perú y la orden del gobierno desautorizando su gesto de creación de la bandera, llegó al día siguiente.

Ignorando el criterio del gobierno y creyendo que la bandera enarbolada en Rosario había sido aprobada, para solemnizar el segundo aniversario de la Revolución de Mayo, el 25 de ese mes, Belgrano presentó en Jujuy otro ejemplar de la bandera. La mandó a confeccionar allí diciendo a sus tropas en una proclama: “por primera vez, veis la Bandera Nacional en mis manos, que ya os distingue de las demás naciones del globo”, lo que significaba romper abiertamente el vínculo con la corona de España. Esa Bandera Nacional una vez bendecida fue paseada triunfalmente y jurada por las tropas.

El gobierno en oficio del 27 de junio de 1812 vuelve a desautorizar su creación de la bandera. Este nuevo documento, dada la lentitud de las comunicaciones, es recibido por Belgrano recién en julio:

“haga pasar por un rasgo de entusiasmo el suceso de la bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola disimuladamente y subrogándola con la que se le envía, que es la que hasta ahora se usa en esta fortaleza que hace el centro del Estado; procurando en adelante no prevenir las deliberaciones del gobierno en materia de tanta importancia”.

Prosigue amonestándolo en estos términos:

“El gobierno, pues, consecuente con la confianza que ha depositado en V.S. no puede hacer más que dejar a la prudencia de V.S. misma la reparación de tamaño desorden; pero debe igualmente prevenirle que ésta será la última vez que sacrificará hasta tan alto punto los respetos de su autoridad y los intereses de la Nación”.

Afectado, Belgrano apresuró a sincerarse, declarando que ignoraba la anterior resolución: “en la batería que se iba a guarnecer no había bandera y juzgué que sería la blanca y celeste la que nos distinguiría como la escarapela, y esto, con mi deseo de que estas provincias se cuenten como una de las naciones del globo, me estimuló a ponerla”. Belgrano acató la resolución gubernamental y en su respuesta del 18 de julio expresa entre otras consideraciones lo siguiente: “la bandera la he recogido y la desharé para que no haya memoria de ella y si acaso me preguntasen por ella, responderé que se reserva para el día de una gran victoria por el ejército, y como ésta está lejos, todos la habrán olvidado y se contentarán con lo que se les presente”.

 

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La bandera de Belgrano, como veremos, tuvo que esperar hasta que el Congreso de Tucumán, poco después de proclamarse nuestra Independencia, estableciera  por ley del 25 de julio de 1816, la adopción de una bandera con los colores “celeste y blanco”, tal como la