14 de julio de 2020

Rosario, ciudad de amigos

El historiador Miguel Carrillo Bascary ilustra en palabras cómo comenzó a forjarse esta característica de la ciudad. Desde las aventuras de los niños hasta los encuentros en las numerosas y polifacéticas pulperías.

Rosario es lugar de encuentro, no de ahora, desde siempre. Sabemos que la ciudad comenzó a formarse en torno la pequeña capilla de Nuestra Señora del Rosario que estaba en el mismo lugar donde hoy esta la iglesia Catedral. En su derredor se fueron levantando los primeros ranchos, donde sus pobladores recibían con hospitalidad a quienes habitaban en las estancias y puestos de la zona contigua, el Pago de los Arroyos. Allí, al terminar la misa, se reunían, compartían novedades, los jóvenes soñaban con amores y los mayores armaban sus negocios. Casamientos, bautismos, sepelios, todo contribuía a nuclear a esos hombres y mujeres que comenzaron a formar la que hoy es nuestra ciudad. 

 

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Los niños de las primeras casas concurrían a la única escuela, donde su cura párroco prestaba asistencia espiritual. No eran muchos estos privilegiados, aunque nada pagaran por su instrucción. La cultura de la mayoría llegaba a las operaciones mate